Con las bragas en el bolsillo

Aquí termina la trilogía de las bragas de Alba, una tarde de lujuria con una mujer casada que descubre los placeres del adulterio.

La mirada de Alba diciéndome que llamase a su marido era de puro vicio, ver como sus pezones seguían duros como piedras y en su coño aun brillaban los restos de su corrida, era la encarnación del vicio, del deseo y del pecado. No me lo pensé dos veces, aquello formaba parte del juego sexual que habíamos comenzado, así que cogí el móvil del pantalón y lo encendí, no paso ni un minuto cuando saltaron las llamadas perdidas de Gustavo. Alba con un gesto me indicó que me tumbase a su lado, embobado me acomode junto a ella y mientras con una mano recorría su cuerpo con la otra llame a Gustavo.

Alba se levantó, con su Iphone en la mano se dirigió a la cómoda y lo acoplo en el reproductor de sobremesa. Observe su figura desnuda reclinada mientras manipulaba el dispositivo, su postura me ofrecía una vista privilegiada de su culo y su bulba ligeramente abierta entre sus muslos. Ante tal panorama mi polla reacciono saliendo de la bragueta de mis calzoncillos, mientras la señal de llamada sonaba y se podía leer el nombre de su marido en mi pantalla. Me falto poco para colgar, acércame a ella penetrarla en esa posición, pero en ese momento la voz de Gustavo se oyó por el manos libres. Alba se dio la vuelta, sus ojos clavaron primero en mi polla para después mirarme con ojos lascivos mientras recorría con uno de sus dedos la raja depilada de su coño.

La voz de Gustavo se volvió a oír por el manoslibres.

– ¿Luis?, ¿Me oyes?

-Sí, sí te oigo. ¿Me oyes tú a mí?

– Sí, ahora sí. Estoy en el coche a veces se va la cobertura.

– Acabo de ver tus llamadas, pero estaba en una degustación con una clienta y lo tenía apagado, lo siento.

Mientras Gustavo y yo hablábamos, empezó a sonar el Sign Your Name de Terence Trent D’Arby, y Alba con pasos lentos al ritmo de la canción se fue acercando hacia mí.

– ¿De qué era la degustación?

– Una conserva gourmet a base de algas y almejas.

– Suena bien.

– Sí, y su sabor todavía es mejor, es un producto exquisito, lo llamaran “Delicias de mar”

– Que bueno, ya me contarás. Mira, te llamaba por la reunión de esta mañana. No sé, no te vi muy convencido…

Mientras Gustavo volvía a repetir lo mismo que ya había escuchado anteriormente. Alba me estaba sacando los calzoncillos, mi polla se bamboleo a ambos lados al quedar liberada. Durante unos segundos la contemplo; después la cogió y comprobó su dureza oprimiéndola ligeramente con la palma de su mano.

El morbo crecía por momentos. La voz de Gustavo, la música de fondo y Alba presionándome le polla mientras me penetraba con sus ojos gris azulados tras los mechones de su pelo negro cubriéndole la cara.

– No de verdad Gustavo, créeme, me encanta. – Dije mirando fijamente para Alba- En caso contrario te lo diría. Es lo que queríamos, algo que estimulase el sabor, la vista y el tacto, y estoy convencido de que lo hemos conseguido.

Aprovechando que estaba contestando a Gustavo. Alba se puso encima de mí, cogió mi polla con una mano y la fue guiándola hacia la entrada de su coño, donde primero mí capullo, y después el resto, fue despareciendo lentamente mientras se sentaba encima. Aquella situación me estaba llevando al límite. Por un lado, deseaba terminar mi conversación telefónica con Gustavo, para disfrutar del coño de su mujer sin interrupciones, pero por otro lado, hablar con Gustavo viendo como Alba se movía en círculos con mi polla clavada mientras se presionaba sus pechos con una mano, provoco en mí un estado de excitación y morbo como pocas veces había sentido.

– Vale, te creo, pero me había quedado preocupado. Antes hable con Alba, y también me dijo que estaba equivocado, pero preferí hablar contigo para quedarme más tranquilo. Por cierto, ¿eso que suena es Terence Trent D’Arby?

– Si

– Que curioso, hoy cuando Alba estaba en la ducha sonaba esa canción en su Iphone. Ese tema tiene un ritmo muy sensual, cuando la escucho me evoca la típica escena de cama donde ella está sentada sobre el moviendo sus caderas. ¿Sabes qué?, ¿y si la usamos como fondo para las cuñas de radio?.

Me quede mirando para Alba, vi como una sonrisa lasciva se dibujaba en su cara a la vez a que afirmaba con su cabeza y sus caderas seguían moviéndose en círculos con mi polla dentro.

– Es cierto, le pediré a los de producción que nos hagan algunas pruebas. Al final, los aportaciones de Alba están mejorando mucho el concepto final. Le voy a proponer que deje la abogacía y que se venga a la agencia.

– Jajaja, no estaría mal. Bueno, te dejo que aún me quedan muchos km de coche. Llama a Alba para comentarle lo del tema musical, a ver qué le parece. A mí me queda poca batería.

– Ok, lo haré. Hablamos cuando vuelvas. Hasta luego Gustavo.

Fue la propia Alba la que colgó. Ninguno de los dos pronuncio una palabra e instintivamente nuestros labios se juntaron, nuestras lenguas jugaban entrelazándose, note sus pezones duros sobre mi pecho, sentía mi polla dentro de su coño húmedo y cálido. La separe de mí, me levante y como leyéndome el pensamiento se puso a cuatro patas sobre la cama, le acaricie el coño, la penetre con uno de mis dedos, gimió al sentir su frialdad, lo retire. Me situé entre sus piernas, coloque mi polla en la entrada de su coño y la fui penetrando lentamente, cuando note que mis huevos tocaban sus muslos empecé a bombearla, primero marcando un ritmo lento, en cada movimiento casi sacaba mi polla por completo para volver a metérsela de nuevo. La estrechez de su coño hacía que me volviese loco del placer por el rozando contra sus paredes vaginales, el sonido de nuestras respiraciones se confundía con un tema que sonaba de fondo. Cuando mi polla llegaba al tope, movía sus caderas y se clavaba contra mi para aprovechar mejor cada una de mis embestidas, que iban aumentando en ritmo e intensidad.

Su espalda se curvaba delante de mí, primero la recorrí con la punta de mis dedos y después inclinándome sobre ella le daba pequeños mordiscos en sus hombros acompañados con algunos besos en su espalda. Seguí penetrándola durante en esa postura en unos minutos, pero quería ver su cara mientras follábamos, le pedí que se diese la vuelta, puse una de las almohadas bajo su cintura, coloque sus piernas en mis hombros y la a penetre, esta vez, de golpe y hasta el fondo. Gemidos de placer salieron de su garganta, me quede con la polla dentro moviéndola, ella abrió los ojos y nos quedamos mirando fijamente, yo sin retirar la vista seguí bombeando. La mirada de Alba era entre provocadora y entregada al placer.

Cada vez que la penetraba, Alba abría su boca ligeramente y sus gemido empezaban a retumbar en la habitación, a medida que mi ritmo iba en aumento los gemidos eran más prolongados e intensos. Vi su clítoris brillante, moje mis dedos y lo acaricie mientras la seguía penetrado, esto hizo que sus gemidos se volviesen constantes y profundos..

– Me voy a correr cabrón, ummmmm. Quiero que te corras conmigo.

Yo no aguantaba más, mis huevos ya me dolían, llevaba excitado desde que nos encontramos en el ascensor de las oficinas de su marido. Era demasiado tiempo aguantando desde el primer contacto en el ascensor, la escena de la oficina, el trayecto en el coche y por todo lo que paso a continuación, sentía una necesidad imperiosa de correrme. Cuatro o cinco embestidas después empezó a correrse, yo la acompañe a los pocos segundos, acabando ambos con un orgasmo bestial y tumbados en la cama. El puto Sign Your Name de Terence Trent D’Arby seguía sonando en modo bucle en el Iphone de Alba. Quien acercándose al oído me dijo.

– Cuando escuchemos la cuña con Gustavo, procura traer vaqueros, no se te vaya a notar el empalme, al oír este tema de fondo.

 – Intentaré resistirme

– Yo no podré, ese día llevaré unas bragas de recambio en el bolso, ya que cuando lo escuche las empapare seguro.

Dijo mientras cogía mi polla mojada por su corrida y la mía entre sus manos

Después de aquella sesión de sexo comimos algo, para volver a la carga así hasta las 7 de la tarde. Estuvimos follando toda la tarde hasta que mi polla y su coño dijeron basta. No vale la pena relatar el resto de los polvos de aquel día. Si alguno de los siguientes en los que el vicio, la lujuria y el morbo siguieron siendo los ingredientes principales de nuestros encuentros.

Me acompaño hasta al garaje, solo llevaba con un ligero vestido de verano. Mientras nos besamos apoyamos en el coche, metí mi mano bajo el vestido con intención de despedirme por hoy de aquel coño, pero me encontré con la tela de sus bragas. – Ya te has puesto bragas

– Sí, lo hice pensando en ti

– ¿En mí?

Si, dijo mientras se las quitaba apoyada en el coche. Después la enrollo y me las metió en el bolsillo

– Es tu regalo, guárdalas que alguna cosa más haremos con ellas.

Me dijo con cara de vicio y dándome el último beso antes de subirme al coche. La trilogía de las bragas de Alba acaba aquí, no nuestra historia que os contaré en otra ocasión.

Espero que estos tres relatos cumpliesen su cometido, si es así, me encantaría leer vuestras opiniones en los comentarios o por mail.

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