Una cena especial

“Buffffff resopló al levantarse y notar el roce del pijama en su piel… Esta noche va a ser intensa- pensó.”
Así empieza un nuevo relato que me envía una autora. Rouse Alamo es creadora del Las historias de Rouse, un blog que os aconsejo seguir.

Eran las 21:09 horas y acababa de cenar

El día había estado lleno de emociones, pero no era nada en concreto era algo simplemente mental.

Era ese estado que alcanzas cuando tu cuerpo y tu mente conectan y el corazón no les lleva la contraria. Encuentras el equilibrio necesario y te ves capaz de todo. Preparó una cena especial y eso que cenar con ella misma siempre era especial pero ese día tocaba algo más.

Calentó la sartén para hacerse la carne a su gusto. Abrió la botella de vino que había comprado esa misma tarde y se dispuso a brindar por ella y por todo lo que había conseguido; que era mucho a pesar que nadie o casi nadie fuese consciente.

Cenó tranquila disfrutando del sabor de la carne en su boca y del sabor del vino. Poco a poco el alcohol fue haciendo de las suyas y alteró su estado general. Empezó por un ligero mareo que poco a poco se fue extendiendo por todo su cuerpo. Al notar la sangre por las venas se volvía cada vez más y más sensible 

Buffffff resopló al levantarse y notar el roce del pijama en su piel… Esta noche va a ser intensa- pensó.

Se dirigió al salón para así dejar pasar un poco el efecto del alcohol, pero era imposible; estaba afectada después de dos copas de vino…

Se tumbó en el sillón e intentó relajarse. Primero se tapó un poco, se puso boca arriba, boca abajo pero su excitación aumentaba y su mente imaginaba. La ropa le seguía rozando y notaba cómo ciertas partes de su cuerpo reaccionaba, más sensibles que otras.

Sus pechos estaban tensos y los pezones endurecidos

Su vientre en tensión y el roce de la costura del pijama en su sexo no facilitaba que relajase. Cada vez quería más…Se levantó y fue a un arcón de su habitación donde en una bolsa de lentejuelas de una botella de vodka escondía sus juguetes sexuales: un consolador con ventosa y una balita vibradora. No sabía por dónde empezar, simplemente imaginar cualquier contacto con su piel hacía que se estremeciese. 

Se tumbó en la cama. Puso en marcha la balita que tenía una forma de vibrar muy especial y que conocía muy bien. Empezó por zonas más superficiales, su muñeca, y aún así notaba cosquillas por todo el cuerpo… continuó subiendo por el brazo hasta llegar a su pecho que seguía en tensión e hipersensible. Pasaba del derecho al izquierdo manteniendo fijo en una zona aquel maravilloso aparatito o recorriendo toda la zona. Sujetó la balita con la mano izquierda para así dejar libre la derecha y llegar a coger su otro juguete.

Se incorporó y una vez lo tuvo en su mano se dejó caer en la cama y se desprendió de su pijama como pudo. Mientras una mano hacía vibrar algunas partes de su pecho, la otra se empezaba a deslizar entre las piernas con cuidado, y poco a poco para elevar un grado más la excitación.

Separó un poco sus piernas y movió su mano de arriba a bajo rozando su sexo y notando como su cuerpo seguía reaccionando.

Con los ojos cerrados podía percibir más en que parte de su cuerpo estaba. Cambió la vibración de su juguete pequeño y empezó a hacer círculos con el consolador sobre su sexo que le pedía más y más.

Las descargas que su cuerpo emitían iban desde su centro hasta cada parte de su cuerpo, dejó las vibraciones a un lado. Ahora sólo necesitaba una cosa. Romper de placer.

Fue cogiendo su juguete y continuó con los movimientos. Sus ojos seguían cerrados. Poco a poco fue introduciéndose, despacio, suave, despacio…

Fue aumentando el ritmo de sus movimientos a la vez que abría sus piernas y arqueaba su espalda. Con su mano derecha jugaba, con la izquierda acariciaba distintas partes de su cuerpo: sus labios, su pecho, su vientre. Su respiración era acelerada, sus piernas estaban en tensión, su pecho duro, su espalda arqueada, su sexo a punto de explotar.

Su mano derecha seguía moviéndose rítmicamente, acelerando el ritmo mientras su cadera seguía el mismo compás. Su mano izquierda había bajado también a su sexo y con dos de sus dedos dibujaba pequeños círculos haciendo que el cuerpo se estremeciese.

Y llegó al orgasmo.

A su piel aún hipersensible no le cabían más caricias y su sexo experimentaba pequeñas contracciones de placer. Se puso de lado y cerró las piernas dejando una de sus manos allí, mientras la otra buscaba algo con lo que cubrirse.

Su respiración se fue pausando poco a poco y así permaneció unos minutos descansando mientras se recuperaba de aquel momento vivido.

Podéis leer más relatos de ella en su blog Las Historias de Rouse

4 respuestas a “Una cena especial

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