Hoy es el día perfecto para volver a ponérmelas

Para intentar bajarme la calentura opte centrar mi atención en la calle, tras los cristales del coche se apreciaban siluetas enfundadas en bufandas y abrigos caminando con pasos acelerados sobre las acera mojada, no se veía ningún paraguas abierto. por lo que debía haber dejado de llover. Poco me duro la tranquilidad, la vibración del móvil me avisaba de la entrada de un nuevo mensaje, esta vez, solo de texto.

“Espero que se te baje ese bulto antes de que bajemos, y que se te vuelva a subir cuando nos perdamos.”

La calidad de la imagen era mala, como correspondía a una foto clandestina como aquella, tenía mucho grano y con muy poca luz, a pesar de esto, se podía distinguir  la cara interior de unos muslos, y al fondo una elegante lencería negra de encaje con un lazo azul. La foto venia acompañada de un breve texto que decía “hoy es el día perfecto para volver a ponérmelas”.

– Luis… ¡Luis!

La voz de Gustavo me trajo de regreso al coche, nos dirigíamos al evento de la presentación del producto en el que llevábamos más de 6 meses trabajando. Gustavo se había empeñado en que fuese con él y con su mujer Alba, se le notaba nervioso, el evento iba a ser la puesta de largo de muchos meses de trabajo.

– Perdona estaba contestando un Whatsapp, dime

– Puto Whatsapp, parecéis dos críos. Tú y Alba todo el rato con el móvil.

– Tranquilízate cariño –Dijo Alba- todo está controlado y preparado. Además hoy será entre amigos, si por esta estás así, el mes que viene en la Feria de Barcelona no habrá quien te soporte. Deja a Luis en paz, que estará hablando con alguna de sus amigas. ¿Verdad que si Luis? A ver, déjame ver.

Alba se dio la vuelta colocándose entre ambos asientos, con disimulo y con una sola mano, desabrocho uno de los pequeños botones dorados de su blusa, que se abrió al instante, formando una atrevida abertura, en la que dejaba ver el inicio de sus pechos y el fino encaje del sujetador negro y azul, que hacia juego con las braguitas de la foto que me había enviado unos minutos antes.

– Luís, ¿Cuándo nos vas a presentar a alguna novia?

Me dijo sin dejar de mirarme e inclinándose hacía mí, ese movimiento hizo que la blusa se abriese aún más, ofreciéndome una visión perfecta del balanceo sus tetas por el movimiento del coche.

– Que pesados sois, uno con el evento y tú con buscarme novia. Estoy bien así, en el Club Financiero está todo preparado es lo que estaba viendo en el Whatsapp -mentí como un bellaco mientras miraba a Alba a los ojos – y tu Alba, estoy bien así sin compromisos ni complicaciones.

– Seguro que sí, ya me dijo Gustavo que en carnavales te perdiste varías veces con una misteriosa dama.

– Jajaja, sí, nos dejó varias veces plantados, para después aparecer cuando menos nos lo esperábamos. Más tarde ella y sus amigas desaparecieron, y no volvimos a saber de ellas. ¿Cómo era?, ¿estaba buena?, no llegue a verla sin aquella máscara.

– ¿Sus amigas, cariño?, si ya me dijeron que te vieron esas noche con dos. ¿Ves Luis?, lo dejo una noche solo, y empieza tirarle los tejos a cualquiera.

– Gustavo solo me echaba un cable, las tenía entretenidas.

-¿Entretenidas?, espero que aprovechases el tiempo por lo menos

– Bueno, fue una buena noche

El desplazamiento del coche hacían que las tetas de Alba que se balanceasen suavemente entre la seda de su blusa. Aquel sugerente balanceo en su provocador escote, me transporto al sábado de carnaval. Aquella noche en la que Alba, había aparecido por sorpresa con un disfraz que la hacía irreconocible, y acabamos follando dos veces en los baños, mientras mis amigos y Gustavo tonteaban con las clientas de Alba, sin saber que ella era la misterios dama de la máscara.

– Una buena noche dice, jajaja. Si lo vieras estuvo toda la noche con la sonrisa de oreja a oreja, y ella parecía que tampoco lo estaba pasando mal. – Dijo Gustavo sin dejar de mirar a la carretera.

Gustavo seguía contando anécdotas de aquella noche, mientras Alba seguía con medio cuerpo entre los dos asientos, aparte la mirada del hipnotizante movimiento de sus pechos y vi como esbozaba una sonrisa al fijarse en mi entrepierna, tarde poco en descubrir el motivo de aquella sonrisa, mi polla formaba una tienda de campaña con la fina tela del traje. Alba me echo una mirada lujuriosa, y volvió a sentarse en su asiento como corresponde a una señora como ella.

– Ya, ya cariño, y yo en una aburrida cena con una italiana y una alemana hablando de negocios.

Para intentar bajarme la calentura opte centrar mi atención en la calle, tras los cristales del coche se apreciaban siluetas enfundadas en bufandas y abrigos caminando con pasos acelerados sobre las acera mojada, no se veía ningún paraguas abierto. por lo que debía haber dejado de llover. Poco me duro la tranquilidad, la vibración del móvil me avisaba de la entrada de un nuevo mensaje, esta vez, solo de texto.

“Espero que se te baje ese bulto antes de que bajemos, y que se te vuelva a subir cuando nos perdamos.”

No le conteste, clave mi rodilla en el respaldo de su asiento presionado ligeramente a modo de masaje, a lo que respondió con un nuevo mensaje.

“Ummmmmmmm”

La situación, como siempre sucedía con Alba, me producía una doble sensación, por un lado me excita su descaro ante Gustavo, y por otro, me acojonaba por si él se daba cuenta de que algo pasaba entre nosotros. Al final como siempre ganaba mi yo más morboso y entregaba al juego que Alba me proponía en cuerpo y alma, bueno sobretodo en cuerpo. Si el trayecto en el coche había sido así, comprendí que aquella tarde noche podía acabar en el punto que ella quisiese.

El badén de la entrada del parking y un “bueno ya hemos llegado” de Gustavo volvió a traerme al mundo real, el mal tiempo ayudo a que no resultase complicado encontrar rápidamente una plaza libre.

Al salir del coche note la humedad de aquel parking, situado en unos terrenos que años antes eran propiedad de mar, siempre que aparcaba allí, recordaba esa historia no sabía muy bien por qué. Mientras me ponía el abrigo, vi salir las piernas de Alba del coche, unas piernas largas y tonificadas, que parecían empezar en algún lugar debajo de su falda y que acababan en unos zapatos negros de tacón alto, que se clavaron con decisión en el desgastado asalto verde del parking. Como siempre estaba vestida de forma impresionante, una blusa blanca de seda y una falda, también de seda, corta pero en su justa medida, de color escarlata hacían lucir todavía más sus elegantes piernas.

Ya fuera del coche, los tres nos encaminamos hacia las salida del parking, al salir notamos el frio húmedo de la calle, al que los tres respondimos a la vez con el mismo gesto, abrazarnos a nuestros respetivos abrigos.

Gustavo prefirió dejar en el coche en el parking y no en la puerta del Club Financiero, ya que quería caminar un poco antes de meterse en la vorágine del evento, aunque por su gesto parecía que se estaba arrepintiendo de esa decisión.

Por suerte durante el trayecto la lluvia no hizo acto de presencia, hasta que llegamos a la puerta de la sede del Club Financiero, aquellas instalaciones situadas bajo dos imponentes torres, eran el punto de encuentro de muchos de los empresarios y gente influyente de la ciudad. Las instalaciones eran perfectas con todos los requisitos técnicos para un acto como el que íbamos a celebrar, además de lo suficientemente grandes, como para albergar a cerca de 100 personas, entre proveedores, clientes, amigos y algún periodista que habíamos invitado al acto.

Una vez dentro me despedí de Alba y Gustavo, quería ver que todo estaba en su sitio, me había costado mucho preparar aquello catering, merchandising, azafatas y azafatos, espectáculo en vivo… un montón de pequeños detalles que había ido cerrando a lo largo de las dos últimas semanas. Habíamos alquilado una sala distribuida en tres ambientes uno para la degustación con varios tipos de maridajes, otro para tomarse un copa o un vino y un tercer espacio donde Gustavo realizaría la presentación.

Después supervisar el equipo de sonido, la iluminación y hablar con los responsables de cada área quede convencido que todo estaba en orden, ahora solo quedaba que Gustavo hiciese su presentación y podría respirar tranquilo, la degustación y las relaciones públicas ya no estaba en mis manos, así que salí a la calle a fumarme un cigarro.

Como viene siendo habitual desde la prohibición de fumar en sitio públicos, en la puerta ya se fueron formando varios corrillos de gente fumando, en uno de ellos estaba Gustavo charlando animadamente con un grupo de empresarios locales, hasta que  me vio y me pidió que me acercara.

– ¿Has visto a Alba?

– No, la última vez que la vi, fue contigo, al entrar, después como os dije me fui a revisar que todo estuviese preparado.

– ¿Está todo bien?, ya han llegado todos y en 10 minutos me gustaría empezar.

– Puedes empezar cuando quieras, yo estaré arriba en la sala de sonido controlando el audio y el video, como quedamos. Recuerda las señales y mantén encendido el pinganillo.

– Ok perfecto, por favor si ves a Alba dile de que voy a empezar.

– Descuida, tu tranquilo, céntrate en el discurso que lo demás está controlado.

– Gracias Luis, buen trabajo voy a entrar. Avisa a las azafatas que le pidan a la gente que vayan entrando. En diez minutos empezamos.

Di las dos últimas caladas a mi cigarro, concediéndome unos instantes antes de volver a entrar en el hall, donde los invitados empezaban a dar síntomas de impaciencia, apague el  cigarro en un cenicero abarrotado de colillas junto a la puerta, y me fui en busca de grupo de azafatas.

Mientras observaba como los invitados se iban sentando en sus respectivos asientos, busque a Alba con la mirada entre aquel ir y venir de gente, pero no la localice. Al pensar en ella, recordé el morboso juego de provocación que había iniciado, la visión de su escote y de sus pechos balanceándose en el encaje negro y azul de su sujetador. El solo recuerdo de aquel valle situado entre sus senos, hizo que las palmas de mis manos ardiesen de deseos de tocarlos de nuevo. Me di cuenta que podría pasar horas pensando en todo tipo de cosas obscenas con cada parte de su cuerpo, pero por desgracia aquel no era el momento.

Medio empalmado me fui a la sala de control, que el día anterior había preparado para controlar el audio y el video, y desde la que estaría en contacto con Gustavo a través de un pinganillo que llevábamos en la oreja. La habíamos ensayado el discurso a conciencia durante la última semana, yo le iba avisando de las imágenes de la pantalla, de la entrada de un sonido o video, todo el discurso tenía una escaleta programada, queríamos contar una historia multimedia no hacer un discurso al uso.

Sobre la mesa estaba un monitor desde el que podía ver el salón, el portátil y su puntero desde el que controlaba todo lo que se oiría y vería en la sala, no necesitaba más. Eche una última mirada al monitor buscando a Alba entre las mesas, pero sin éxito no la veía por ningún lado.

– ¿Luis?

– Si Gustavo, aquí todo listo, cuando quieras puedes empezar.

– Perfecto, ya he encontrado a Alba. Esta con los madrileños.

– Ok, pues cuando me indiques comenzamos.

A los pocos minutos me llego la señal de Gustavo, baje la luminosidad de la sala, el mejor recurso no solo para centrar la atención en el ponente, sino también para el público dejase de hablar al comienzo de un evento, el efecto sala de cine lo suelo denominar.

Por el monitor vi como Gustavo se dirigía al atril bajo las notas de la sintonía elegida para la campaña, cuando se situó frente al micro silencie la música y Gustavo empezó a hablar.

Tras tanto ensayo me sabía su discurso de memoria, “buenas tardes a todos, gracias por estar aquí…” en mi cabeza pronunciaba el discurso a la vez que por el pinganillo me entraba su voz repitiendo el mismo discurso en la sala, un ceremonial que se repetía siempre que realizaba este tipo de eventos, todo estaba cronometrado y acordado.

Por mucho que preparemos algo, por mucho que intentemos controlar todas las variantes y posibilidades, siempre hay factores que no puedes prever, como el de una mano empiece a recorrer tu bragueta.

– Por fin la tengo en mis manos, no me has decepcionado, sigue tan dura como en el coche, tan grande y con sus venas hinchadas, ¿notas como mis manos sobre ella?

– Claro que lo noto, están frías pero me gusta la sensación.

– Atento, ahora entra el primer video. – Me dijo a la vez que presionaba mi polla con la palma de su mano.

– En 20 segundos entra video, Gustavo. –Dije por el pinganillo-

Mire hacia el monitor, vi como Gustavo presentaba al público el primer corte del video que duraría alrededor de 3 minutos. A Alba le sobraron 15 de los 20 segundos para bajarme los pantalones y reclinarse sobre mi espalda, podía sentir su aliento en la nuca, mientras una de sus manos me masturbaba lentamente. Sus dedos no tardaron en recoger los primeros líquidos que salieron de mi capullo y en extenderlos suavemente a lo largo de todo el miembro.

Mire el temporizador del video, quedaba un minuto para que finalizase, después Gustavo volvería a tomar la palabra.

– Gustavo, queda un minuto. A los 40 segundos de tu speach entra el carrusel de imágenes.

Cuando vi el gesto de afirmación de Gustavo en el monitor, secuencie la entrada del carrusel, una secuencia de 60 imágenes que empezaría a los dos minutos de su discurso final y que cambiarían cada 6 segundos.

Agarre la mano de Alba, y me di la vuelta, nuestras bocas se buscaron por unos segundos, le pedí que se inclinase sobre la mesa entre el portátil y el monitor de la sala, donde se veía como su marido caminaba de nuevo hacia el atril.

La incline y ella apoyo los codos sobre la mesa, en una de sus manos puse el puntero inalámbrico –Que no se te caiga, le dije-. Le levante la falda y baje sus bragas hasta las rodillas. Me pare unos segundos en observar su culo en pompa y su coño deliciosamente brillante, por unos instantes pensé en saborearlo pero Gustavo iba a empezar su discurso final, no había tiempo en esta ocasión. Así que me acerque a ella por detrás, cuando las primeras palabras de Gustavo salieron del monitor la penetre de golpe, Alba reprimió un gemido. Acercándome a su oído le dije:

– Cada una de mis embestidas será la señal para que pulses el botón del puntero, que cambiara la diapositiva de la presentación de tu marido. ¿Los has entendido?

– Si

– Lo vas a hacer muy bien, no te preocupes.

Me retire hacia atrás, notando como mi miembro se deslizaba dentro de su coño, pare dejando únicamente capullo dentro de ella y me dirigí a Gustavo por el pinganillo.

– Gustavo, tienes 6 minutos para acabar el discurso, primera diapositiva en pantalla en  3, 2, 1…

Con mi primera embestida en la pantalla apareció el packing negro y azul de la caja, colores inspirados en las bragas que ahora ya estaban en los tobillos de Alba. Conté 3 segundos mientras la sacaba y otros 3 para volver a introducirla. Cada 6 segundos mi polla llegaba al fondo del coño de Alba, y cada 6 segundos una diapositiva desaparecía para dejar paso a otra, así hasta 60 veces, 60 veces que mi polla entro lentamente en lo más profundo de Alba, 60 veces en las que Alba pulsaba el botón del puntero, fueron 300 segundos de gemidos reprimidos y 60 segundos de un orgasmo silencioso, solo interrumpido por los aplausos de la sala cuando Gustavo acabo su discurso.

Alba se incorporó, cogió las bragas y sin dejar de mirarme hizo un lazo con ellas en mi polla.

– Ha sido la mejor presentación a la que he asistido, estoy deseando que llegue la de Madrid. Te veo abajo.

Se colocó la falda y la blusa, me dio un beso y desaprecio tras la puerta. Allí estaba yo con los pantalones por los tobillos, unas braguitas negras con un lazo azul colgando de mi polla y de fondo sonando Seven Wonders de Fleetwood Mac.

Continuará…

Gracias por leerlo, espero vuestros comentarios como siempre.

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13 respuestas a “Hoy es el día perfecto para volver a ponérmelas

  1. Destilas morbo por cada pro de tu piel.
    Es curioso como en mi mente se puede llegar a ver cada detalle
    Y me morbosea también la mente recordando situaciones parejas en algunos sentidos.
    La cadencia de cada entrada hasta el fondo es una forma deliciosa de alargar el placer.

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  2. Un escritor es el que ama la palabra. Un escritor es aquel, que se va a la cama llevándose una historia y se levanta con los dedos palpitándole por contarla. Un escritor es el que se deleita por la palabra, el que la paladea como el buen vino, el que sabe su valor. El que modula la idea, poco a poco, para crear un mundo en el que habitarán sus pensamientos. Un escritor es el que ríe y llora con sus propias letras, el que las acaricia con la mente, el que las lleva en el espíritu. Un escritor, en suma, es un apasionado por la creación. Bravo por tus escritos.

    Te invito a leer mi entrada más reciente.

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