La intensidad que te marca la urgencia

La pasión, la urgencia, el placer, el erotismo y la libertad de dos amantes con más de veinte años de diferencia.

Segundo relato con Julia de protagonista continuación de Creo que no me he equivocado 

Julia pasó la yema de su dedo índice por mi rojo y mojado glande, contemplaba como caían las últimas gotas sobre mi vientre, después las recogía y extendía con su dedo a lo largo del tronco e mi polla, cuando terminaba volvía a empezar el ritual. Le encantaba ese juego, siempre lo hacía después de que me corriese.

– Me gusta cuando crece en la palma de mi mano. ¿Sabes lo que más me excita?, cuando noto sus venas, sobre todo cuando ya está dura y adquiere esta forma curva. Nunca había tocado una así , me encanta sentir su forma  dentro.

Lo que me gustaba de Julia, es que disfrutaba tanto de los preliminares como de los momentos posteriores. El calor de su cuerpo, sus dedos enredándose en el pelo de mi pecho, sus besos, sus palabras provocadoras hacían que el deseo volviese, y nuestras sesiones de sexo se prolongasen hasta que podíamos más y caíamos rendidos.

También nos gustaba disfrutar de esos momentos en los que nos excitábamos mutuamente horas antes de vernos. Así había empezado aquella noche, cruzándonos mensajes por Whatsapp que buscaban provocarnos, podríamos llamarlos los preliminares digitales. Aquel sábado, como los anteriores, habíamos salido con nuestros respectivos amigos, pero el plan como siempre desde hacía dos semanas, era encontrarnos más tarde en su casa y pasar la noche juntos.

El frío y esa fina pero persistente lluvia del norte nos obligaba a permanecer dentro de los locales, así que mis amigos inducidos por mi, nos refugiamos en uno de los locales clásicos nocturnos de la cuidad. Estaba lleno de gente que era imposible moverse sin arriesgarte a tirarle la copa al que estuviese a tu lado.

En otra época, habíamos pasado buenas noches en aquel local, aunque últimamente ya no nos trasmitía aquella sensación de antaño, de que cualquier cosa podía pasar entre sus paredes. Supongo que como todos los locales de copas, acaban aburriendo, pero me seguía gustando, sobre todo por su decoración cargada con miles de pequeños detalles, que a pesar de las horas pasadas allí, aún encontraba alguno que me pasado desapercibido. Todo aquello solo era solo un paripé, ya que mi verdadera intención era perderme en algún momento para encontrarme con Julia.

Nuestras citas eran furtivas, deliciosas e intensas con aquel sabor a prohibido que las condimentaban, y nos hacían olvidar el peligro real que rondaba a cada uno de nuestros encuentros. Durante la semana quedábamos en su casa o en la mía, pero la vida social de los fines de semana de una chica de 27 años era complicada. Siempre había algún compromiso familiar o social, por lo que, para no levantar sospechas, los fines de semana quedamos con nuestros amigos y después nos encontrábamos alegando cansancio.

Por cuestiones de trabajo llevábamos 4 días sin vernos, y aquella noche se me estaba haciendo eterna, tenía mono de Julia. Acababa de pedir la copa cuando note la vibración del teléfono en el bolsillo de mis pantalones, avisándome de la llegada de un mensaje.

– Te estoy viendo.

– ¿Dónde estás?

– Cerca de ti, no te muevas en un par de minutos me veras pasar.

Poco después la vi acercarse. Una chaqueta de cuero marrón desgastada, una camiseta blanca y vaqueros pitillo negros ajustadísimos, la hacían destacar entre el resto. En el trayecto nuestras miradas se cruzaron en varias ocasiones, me gustaba el brillo de su mirada y como su pupila se dilataba ligeramente cuando nos encontrábamos.

El apelotonamiento de la gente y su destreza hizo  que parase justo detrás de mí. Note su aliento en mi nuca, y los empujones de la gente intentando avanzar, hacían que sus pechos se clavasen en mi espalda. Con uno de esos empujones se me cayó parte de la copa encima.

– Perdone, es que me han están empujando.

Dijo, con una sonrisa inocente, momento que mis amigos aprovecharon para burlarse de mí e intentaban entablar conversación con ella.

– No fue culpa del señor – les dijo con voz inocente- , me han empujado. Ahora estará mojado toda la noche.

Dijo, recalcando maliciosamente “señor” y mirando hacía mí con su cara de pedir disculpas.

– No te preocupes, no es nada secara en un momento.

– Espere.

Abrió su bolso y un kleenex salio de el , se pegó a mí haciendo el amago de limpiarme mientras me decía.

– Esto no es nada comparado de como tengo mis bragas en este momento y, a este paso, seguirán así toda la noche. ¿Cuándo te desharás de estos carcas que no dejan de mirarme las tetas?.

– Cuando tú me avises, los aparco en la primera barra.

– Espero poder darle esquinazo a mis amigas en breve.

Dijo separándose.

– Bueno, no ha absorbido toda la humedad pero no lo notará tanto.

Comento Julia en alto aparentando normalidad.

La cola ya se mueve, me tengo que ir. Disculpe de nuevo, señor.

– No te preocupes, antes de irte ¿tienes otro kleenex?, parece que también se me ha caído algo en el pantalón.

– Si claro, pero esto ya te lo secas tú.

Dijo, rebuscando en su bolso y mirándome con cara inocente. En ese momento, me pareció sentir su mano en mi entrepierna.

Mientras se alejaba me quedé mirando como sus pendientes largos se movían caprichosamente entre su pelo. Julia no era espectacular, pero su forma de moverse le daba un aire sofisticado y elegante poco común entre las chicas de su edad.

No era demasiado alta, pero sus tacones hacían que sus piernas parecieran más largas, cuando la vi subiendo las escaleras que la llevaban a la planta superior, pude apreciar mejor su figura esbelta, aquellos vaqueros negros marcaban las suaves curvas de su trasero ajustándose a sus nalgas. Así bajo mi atenta mirada, poco a poco, se fue perdiendo entre la gente.

Empezó sonar Vivir mi vida de Marc Anthony y yo apuraba los últimos tragos del resto de mi copa. La salsa comercial no es de mis estilos favoritos, pero, hay que reconocer, que es uno de esos temas que es capaz de subir la adrenalina a todo un local. Así que, ¿Por qué no?, ¿de qué me podía quejar?, me empecé mover al ritmo de aquella canción. Sabía que mi historia con Julia terminaría más pronto que tarde, pero que carallo, los dos estábamos disfrutando y sabíamos que aquello era temporal, por eso lo vivíamos con la intensidad que nos marcaba la urgencia.

El zumbido del móvil me abstrajo de mis pensamientos, sabía que era ella. La pantalla del móvil indicaba que habían entrado tres mensajes seguidos. Disimuladamente di la espalda a mis amigos para poder leerlos.

“La tenías dura cuando te la toque.”

“Como se te baje te pierdes lo siguiente. Me la hice en el cuarto de baño después de estar contigo.”

El tercer mensaje era una foto de sus vaqueros desabrochados y debajo de los que asomaba el inicio de una braguita de raso color rosa. Antes de que me diera tiempo a contestar, me entro un cuarto mensaje.

“Te espero en la esquina de la Colegiata en media hora, no tardes, llevo los pantalones desabrochados como en la foto, y me puede coger el frío.”

Sin dar muchas explicaciones me despedí de ellos, ya en la calle caía una fina lluvia, de esa que te cala hasta los huesos, y por supuesto, no llevaba paraguas, aun así enfile la calle y me dirigí hacia nuestro punto de encuentro.

Al cabo de unos quince minutos de caminata pasada por agua, vi su figura al fondo de la calle, ella al verme sin paraguas, se acercó  para taparme con el suyo.

– Te me vas a constipar.

– La culpa sería tuya, primero me has puesto caliente con la foto y después me hace salir a la calle con este tiempo.

– Habrá que calentarte de nuevo.

Mientras hablaba, cogió mi mano, y la deslizo bajo sus braguitas, mi mano mojada por la lluvia encontro el centro de su calor, note como un escalofrío recorría su cuerpo provocado por mis fríos dedos, con los ojos cerrados y con un susurro de voz, me recordó lo que ya me había dicho, que me iba esperar con los pantalones desabrochados.

La calle estaba casi vacía, la gente más cercana estaba a más de veinte metros de nosotros, la poca iluminación de la zona y las sombras, nos animó a prolongar aquellas caricias. Julia se había pegado a mí, la cremallera de sus vaqueros cedía a la presión de mi mano deslizándose hacia el interior de sus braguitas, mis dedos encontraron la pequeña franja de suave y sedoso vello púbico cuidadosamente depilada, seguí bajando por su monte de Venus hasta llegar a la comisura superior de los labios mayores.

– Me vas a romper los vaqueros mejor vamos para casa.

Dijo con voz ahogada y acercando sus labios a los míos y fundiéndolos en un beso mezcla de deseo y pasión.

– Sentir tus dedos mojados y fríos tocándome, con la calle en penumbra y lloviendo, me ha calentado todavía más, espero que vengas con fuerzas.

Aceleramos el paso, ambos estábamos excitados, queríamos desprendernos de la nuestras ropas, no solo porque estábamos empapados por la lluvia, también por esa urgencia marcaba nuestros encuentros.

Julia abrió la puerta de su apartamento, no le di tiempo a encender la luz, mi boca busco sus labios rojos iniciando un beso frenético a la vez que cálido, un beso con ambición de piel que nos trasporto sin darnos cuenta a su habitación.

Allí Julia tomo la riendas, me desnudo dejándome unicamente con los calzoncillos y me tiro sobre la cama, después empezó a desnudarse en frente de mí. La escasa luz de la luna y el reflejo de las luces de la calle, era lo único que me permitía ver su silueta mientras se desnudaba. Una vez desnuda se colocó entre mis piernas, recorrió con sus manos el vello de mis piernas, hasta llegar a mis calzoncillos, tiro de ellos dejando mi polla al aire, que aún no estaba dura del todo. Julia acerco su boca, y sin ayuda de sus manos, comenzó a besar y lamer mi polla desde los testículos hasta el glande.

Podía notar su aliento caliente sobre mi piel, su lengua recorriendo el tronco de mi polla, aplastándola contra mi vientre, empezaba en la raíz hasta llegar al glande, una vez allí se lo metía en la boca ensalivando, repitió estos movimientos dos o tres veces, después se tumbó a mi lado mientras con el dedo pulgar recorría mi capullo ensalivado.

– ¿Te gusta?

– Como sigas haciendo eso vas a hacer que me corra.

Puse una mano en la cintura de Julia y la otra mano la baje hasta su clítoris. Estaba húmeda, comencé a darle un suave masaje, a lo que Julia respondió con gemidos y más gemidos. Notaba el calor de su piel sobre la mía, sus pezones duros rozaban mi pecho, mientras ella pasaba su pulgar por mi excitado glande, los dos nos acariciábamos mutuamente, yo sentía su aliento en mí hombro, y por momentos, un leve reflejo de luz del exterior, me permita ver su cara de placer.

De nuevo la urgencia nos atrapaba, queríamos corrernos juntos, por lo que Julia se sentó sobre mí dejando una pierna a cada lado de mi cuerpo, ayudándose con la mano se introdujo mi polla y un fuerte gemido salió de su garganta.

Mis manos la atraparon por su cintura ayudándola cabalgar sobre mí, podía sentir como mi polla se abría paso dentro en su vagina, pero ella peleaba por tomart la iniciativa, cuando noto que había entrado hasta el fondo subía sus caderas, las subía hasta casi sacarla para inmediatamente volver a introducirla.

Yo me rendí a sus deseos,  contemplaba su figura subiendo y bajando entre la penumbra, recorría su cuerpo con mis manos desde la cintura hasta el pecho moldeándolos y mordiendo sus duros pezones.

A medida que Juila aceleraba el ritmo, nuestra respiración se iban acompasando, me empujo sobre la almohada y sujetándose en mis piernas arqueó su cuerpo, mientras que con los movimientos de su pelvis sacaba y metía mi polla, que casi estaba a punto de estallar.

Entre jadeos me susurro que estaba a punto de correrse, a la que acelero sus moviemintos, apreté los dientes, cuando sentí como sus músculos vaginales se contraían alrededor de mi polla. El placer iba en aumento, oí gritar a Julia y note como se convulsionaba todo su cuerpo cuando alcanzó el orgasmo. Fue la sensual mezcla de placer y dolor de sus uñas clavándose en mi espalda, lo que provoco que yo también llegase al primer orgasmo de aquella noche…

Continuará, espero vuestros comentarios.

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El Personaje

11 respuestas a “La intensidad que te marca la urgencia

  1. La descripción detallada de cómo te cabalgó, me ha llevado a la extrema necesidad de darme placer yo misma. Es una de mis posiciones favoritas. Llevo el control y dirijo su sexo hacia donde e apetece sentirme frotada con más fuerza…
    La verdad es que todo el juego morboso del encuentro y los mensajitos ya me había puesto en trance..
    He tenido un orgasmo delicioso en nada…
    Pero puedo tener más… no tengo problema al ser multiorgásmica

    Le gusta a 1 persona

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