Las confidencias de Lourdes

Sonreí y me dirigí al cuarto de baño, no es que tuviese ninguna necesidad pero empezaba a sentir un poco de humedad en mis braguitas. Ya dentro del cuarto de baño me quede mirando al espejo y me dije “pero que puta estás hecha”.

Lourdes es una compañera de trabajo con la que tengo mucha complicidad, es de ese tipo de mujer que te quedas mirando cuando la ves por la calle, a sus 48 años no tiene reparo alguno en enseñar su cuerpo enfundado en un vaqueros o vestidos ajustados. Es sin duda, la envidia de sus compañeras y amigas, y el deseo oculto de muchos hombres.

Por desgracia para mí, no tengo nada que hacer con ella, cuando la conocí enseguida nos caímos bien y hubo mucho feeling entre nosotros, tanto que terminamos siendo amigos y confidentes. Cuando pasa eso el morbo e interés sexual, por lo menos en mi caso, desaparece. Lourdes, además, es una mujer que desprende sexualidad y le gusta el sexo que a pesar de estar casada ha tenido sus aventuras y rollos. Como ella mismo dice, “llevo 25 años casada, me he pasado 20 años comiendo el mismo plátano, irse de este mundo sin probar otras variedades es una ofensa Dios”.

Aquel jueves llego risueña a la oficina con sus vaqueros ajustados y una camisa sin cuello que resaltaba un escote limpio y despejado que dejaba muy poco a la imaginación. Dejo su abrigo en el perchero, y se dirigió a su mesa moviendo sus caderas de forma desafiante y segura. Este comportamiento, tan suyo, era otra de las muchas cosas de ella que crispaba al resto de las mujeres de la oficina, Lourdes lo sabía y disfrutaba con ello. Cuando dio por finalizado su ritual mañanero se sentó y se puso a trabajar. Un par de minutos después me llego un whatsapp suyo

– ¿Te has fijado como me miraba la zorrita de María?, a ver si te la follas y le bajas los humos.

María, era una chica de 30 años que llevaba 6 meses en la empresa, la típica salida de un MBA que llego con aires de superioridad y pronto se ganó la enemistad de toda la plantilla.

– Jajaja, paso. Está muy buena, no lo niego, pero no la soporto.

– Que le den. Cambiando de tema por la tarde nos tomamos un vino que tengo que contarte una cosilla. (caritas sonrientes).

Cuando Lourdes me decía que me tenía que contar “una cosilla” siempre era alguna de sus locuras, locuras que solían tener un fuerte componente erótico.

Los jueves solíamos salir a tomar un vino un grupo de la oficina, pero aquella tarde se las arregló para deshacerse del resto y quedar conmigo a solas, así que fuimos al casco viejo Bouzas, una zona de vinos de la ciudad alejada del centro y de la ruta habitual de nuestros compañeros.

Me gustaba hablar con ella, como ya os dije teníamos mucha complicidad y nuestra visión sobre el mundo era muy parecida, creíamos que a cierta edad como la nuestra, había dos tipos de personas los que han renunciado a los placeres del sexo y quines los seguin disfrutando. Respetábamos ambas posturas aunque no entendiéramos la otra.

Al segundo vino ya nos habíamos aburrido de criticar el día a día de nuestros compañeros y decidí ir al grano.

– A ver, ¿qué es eso que me quieres contar?, mira que estoy especialmente sensible que llevo una temporada sin sexo y estoy que me subo por las paredes.

– Jajaja, pobrecito mío que se tiene que apañar con la manito. A ver, déjamela ver. ¡¡¡Si ya tienes callos!!!.

– Eres una capulla, venga cuenta o te dejo aquí plantada.

– Vale, no me meto más contigo. ¿Te acuerdas que te hable de un matrimonio amigos nuestros Carmen y Javier?

– Creo que me tienes hablado de ellos, un matrimonio con el que soléis quedar a cenar.

– Si, ella es insufrible y el un tipo anodino que suele ir con Victor al futbol.

Recordé alguna anécdota que me había contado sobre aquel matrimonio. Ella era una señora presumida y dominante, que no paraba de hablar y juzgar a los demás, sus conversaciones solían girar entornó a que el resto del mundo era una pandilla de vagos y analfabetos, salvo ella y sus maravillosos hijos. Había aprobado unas oposiciones de con 28 años y al año siguiente se casó con Paco, un tipo anodino que trabajaba en un banco y cuya vida giraba en torno al futbol. A Carmen le gustaba ser la protagonista y cuando Javier quería decir algo, en seguida lo cortaba y él se callaba. Victor, el marido de Lourdes, le tenía aprecio ya que era una buena persona, así que de vez en cuando la convencía para quedar con ellos, no es que le entusiasmará pero le hacía gracia aquella pareja. El típico señor de 50 años con un poco de barriga que de joven debió tener cierto atractivo, y ella la señorona vestida con un conjunto de falda y chaqueta de Cortefiel de hace 7 temporadas adornado por un collar de perlas que llevaba a todo evento social.

– Me folle a Jaime

– ¿Qué? ¿Cómo que te lo follaste? ¿Cuándo?

– jajaja, con calma salido ¿tienes prisa?, hoy Víctor no está así que te lo puedo contar con calma.

– Eres un peligro con tetas Lourdes Jajaja

– Bueno cállate, pide otro albariño y te cuento

El Common People de Pulp comenzó a sonar, me pareció ver un brillo de lujuria en sus ojos cuando le dio un sorbo a su copa de vino. A veces creo que contarnos nuestros rollos, era nuestra forma de follar y evitar que nuestra amistad se rompiese por un mal polvo. Yo estaba impaciente que me contase su historia, ella lo sabía y le gustaba ver mi cara de vicioso impaciente.

Hacia dos fines de semana Carmen y su marido organizaron una cena en su casa con la disculpa de un partido de futbol, así que no me quedo más remedio que ir. Además de nosotros, vino también otro matrimonio de la pandilla del futbol con los que tengo menos relación. Así que ya te imaginas el panorama, los tres sentados viendo el partido y nosotras sirviendo ganchitos. Carmen le encantaba este tipo de reuniones, como decía ella mientras los chicos ven el partido nosotras podemos hablar de nuestras cosas, de echo durante futbol era el único momento en que dejaba a su marido en paz y ella parecía una esposa sumisa, después volvía a ser la sargento que solía ser.

A mi aquello me aburría, lo hacía por Víctor ya que él también se tragaba algún tostón mío. Así que allí estaba yo, sirviendo patatas fritas, cortezas, aperitivos y cervezas frías a los tres machotes de la casa y haciendo cariñitos a mi marido. Nosotras nos sentamos en uno de los sofás charlando de cosas intrascendentales, bueno Carmen dándonos la chapa. Yo intentaba prestarle atención por mera educación, pero me resultaba difícil. Así que me fui acomodando en el sofá quedando sentada de lado mirando para ella con cara de que me importase lo que me estaba diciendo. En un momento de la velada me di cuenta de que Javier, miraba insistentemente de forma disimulada hacia nosotras. Al principio no le di importancia, hasta que me di cuenta que eras por mi postura. Mi falda vaquera se había subido hasta el muslo, de tal manera que Javier podía ver perfectamente mis muslos y posiblemente como mis braguitas se metían en mi coño y en el principio de mi culo.

Javier siempre me había parecido un ser asexuado, el típico cincuentón que había perdido el interés por el sexo, con una mujer como Carmen tampoco no me extrañaba, así que al principio no le di importancia sus miradas furtivas. Decidí que era mi regalo de navidad para alguna pajilla que se haría cuando nos fuésemos.

– Siempre dije que eras una chica con un gran corazón Lourdes, jajajaja

Cállate y déjame seguir, dijo Lourdes después de beber otro trago de ese fabuloso albariño que nos estábamos tomando. Por cierto queridas lectoras y respetados lectores, el vino albariño es uno de os mejores afrodisiacos que existen.

De reojo podía ver que las miradas de Javier cada vez se hacían más insistentes, la situación en vez de incomodarme me estaba empezando a dar muchísimo morbo, sobre todo en los momentos en que Carmen se dirigía a mí para comentarme alguna de sus chorradas. En esos momentos me inclinaba hacia ella, como mostrando mayor interés, pero mi verdadera intención ofrecer una mejor visón de mi triángulo mágico a su marido. Me lo estaba pasando de vicio, nunca mejor dicho, los ojos de Javier, creo que por primera vez en muchos años, estaban más pendientes de las piernas de una mujer que de las de Cristiano Ronaldo.

Cuando celebraban alguna jugada con los típicos gritos, yo aprovechaba para cambiar de postura y descruzar mis piernas, cuando volvían a prestar atención al partido, las abría ligeramente y esperaba pacientemente a que Javier se percatase, la primera vez casi se le salen los ojos, al ver que su vista no se separaba las cerré por miedo a que Carmen o Victor se diesen cuenta y me estropeasen el juego.

Carmen seguía hablando sin parar mientras Inma asentía con la cabeza a cada una de sus sentencias, mientras mi cabeza maquinaba que podía seguir haciendo para poner cachondo a su marido, una idea maliciosa hizo que una chispa de excitación recorriese mi espalda.

– Perdona Carmen, necesito ir al baño

– Si claro, ya sabes dónde está

Me levante excusándome, antes de salir al pasar tras el sillón donde estaba sentado  mi marido, me incline sobre él.

– ¿Qué pasa amor van perdiendo los tuyos?, que mala noche me vas a dar hoy.

Le dije dándole un beso en la cabeza, aunque mi verdadera intención era otra. Aquella noche llevaba una camisa blanca clásica de botones que disimuladamente desabroche, de tal modo que al inclinarme Javier pudiese apreciar mis generosos pechos que esa noche se sostenían en un sugerente sujetador de encaje blanco que realzando su volumen.

Cuando me incorpore, mi mirada se cruzó con la Javier que rápidamente volvió a dirigir la suya al televisor, a la vez criticaba árbitro en un claro intento de disimular ante mí pensando que le había cazado mirándome las tetas.

– Que bobos sois los hombres, de verdad. Os quedáis embobados por un par de tetas y cuando os cazan, actuáis como cuando el profesor os pillaba mirando al examen de un compañero. Jajaja

– Jajaja, si en más de una ocasión me han pillado en esa tesitura.

Sonreí y me dirigí al cuarto de baño, no es que tuviese ninguna necesidad pero empezaba a sentir un poco de humedad en mis braguitas. Ya dentro del cuarto de baño me quede mirando al espejo y me dije “pero que puta estás hecha”. Me subí la falda, en el espejo pude apreciar una pequeña mancha de humedad en mi ropa interior, aquello me excito aún más y sin ningún tipo de pudor me acaricie suavemente por encima de la fina tela de mis bragas. Al verme reflejada en el espejo con la falda levantada y mis dedos acariciando mí raja, volví a sentir un escalofrío que erizo mi piel. Javier no me había puesto nunca, pero el dominarlo y excitarlo como un adolescente me había puesto cachonda y mirando a la Lourdes del espejo le dije  “Lourdes, te vas a tirar a Javier”.

Me baje la falda, pase mis dedos por mis labios, el sabor de mis flujos me hizo sentir como una hembra en celo. Prepare la mejor de mis sonrisas y volví al salón.

Cuando regrese el partido había finalizado, Javier y marido discutían acaloradamente sobre no sé qué jugada hasta que Carmen lo interrumpió.

– Javier, recoge la mesa y trae algo de beber.

– Pero Carmen

– No hay peros que valgan, yo mientras pondré la mesa para cenar.

– Yo ayudo Javier, que Imna que te eche una mano para poner la mesa del salón. Mientras estos dos que vayan a por tabaco que se ha acabado.

Dije toda dispuesta a colaborar en aquella velada que se había vuelto interesante de repente. Carmen hizo un gesto afirmando con la cabeza y nos ordenó a todos que nos pusiésemos en marcha.

Recogí los vasos y me dirigí a la cocina, allí Javier estaba colocando el resto de lo que habíamos utilizado en el lavavajillas.

– Así que habéis vuelto a perder

Dije mientras me apoyaba a su lado con mi cintura apoyada en la encimera y le iba entregando los platos de uno en uno dejándolos a la altura de mi cintura y el en cuclillas la colocaba en el electrodoméstico. Mi coño estaba literalmente a un palmo de sus narices unicamente lo separaba la tela de mi minifalda vaquera mientras yo lo contemplaba desde arriba disfrutado de su nerviosismo.

– Si me parece que este nos vamos a quedar en blanco

– A mí la verdad el futbol me interesa poco, lo malo es que cuando perdéis, Victor llega enfadado a casa y se va para cama, muchas veces me quedo con las ganas. ¿tu le haces lo mismo a Carmen?

– Jajaja, bueno yo, nosotros

Se levantó cerro el lavavajillas, no supo qué decir de lo nervioso que estaba. Sin decirle nada me acerque más a él, pase mi mano sobre su bragueta, se la baje e la introduje buscando su polla para acariciarla.

– ¿Te gustaron mis braguitas?, vi como no les quitabas el ojo de encima durante todo el partido.

Le susurre al oído mientras le apretaba su polla por encima de sus calzoncillos. Javier se quedó sorprendido pero no hizo ningún gesto de rechazo, todo lo contrario gemía de gusto cada vez que la apretaba.

– Dime, ¿te gustaron?

Un leve si salió de su boca, mientras le moldeaba la polla con mi mano. Intentaba calibrar su tamaño pero era difícil, cuando conseguir introducirla dentro de sus calzoncillo la sentí caliente y dura como una piedra. Note sus venas hinchadas, la humedad de las primeras gotitas que salían de su capullo que extendí haciendo que mi mano se deslizase con más facilidad por el tronco de su miembro.

– Así que te gusta verle las bragas a las mujeres de tus amigos, eso no está bien.

– Lourdes por favor, ¿Qué haces? Nos van a ver

– ¿No me digas que solo te gusta ver? ¿No te gusta cómo te toco? Así, despacio deslizando mi mano. ¿Notas recorre tu polla?

– Si

– Estoy segura que hoy te ibas a hacer una paja en mi honor. ¿A que sí?

Javier, no decía nada solo cerraba los ojos. Así que apreté más fuerte su polla y le volví a preguntar pegando mis labios a su oreja.

– Dime, ¿te ibas a hacer una paja?

– Si

-¿Si?, ¿sí qué?, dímelo Javier

– Si, si me iba a hacer una paja pensando en ti.

Ya era mío, esa sensación de tener a un hombre al borde del orgasmo me excitaba sacaba lo más lujurioso de mí. Note como le empezaba a palpitar la polla, estaba tan cachondo que se iba a correr allí mismo en mi mano.

– ¿Te vas a correr Javier?

– Si

– A si me gusta, venga corete en mi mano. ¿La notas?

Subía y bajaba mi mano cada vez más rápido, mientras oía las voces de Carmen y a Imna en el Salón. Me sentía completamente perra, estaba haciéndole una paja a aquel tipo que hace un par de horas me resultaba aburrido e indiferente.

De pronto, note que su polla se hinchaba más y su respiración comenzaba a acelerar hasta que un chorro de leche recorrió el tronco y un chorro salió empapándome toda mi mano y su calzoncillo. La saque  de su bragueta y mientras me limpiaba con un papel de cocina le dije.

– Vamos a hacer una cosa, este jueves me ha dicho Carmen que se va a Madrid a ver a vuestro hijo Javi., así que estaré aquí a sobre las 6 de la tarde. ¿Entendido?

– Si

Me dijo casi tartamudeando y con cara de alucinado

– Bien, Nunca has estado con una mujer como yo, eso te lo aseguro. Ahora límpiate que Carmen va a pensar que te has hecho pis encima so guarro.

En ese momento Lourdes paro su narración y me dijo ¿pedimos algo para picar me está entrando hambre?

Continuará…

Espero vuestros comentarios.

6 respuestas a “Las confidencias de Lourdes

  1. Esa sensación de control, de dominio, tanto de la situación como de la persona a la que tienes “agarrada”, me excita, me encanta sentirla.
    Entiendo muy bien a Lourdes. Me siento ella misma

    Le gusta a 1 persona

    1. Muchos relatos o historias eróticas se basan en personajes femeninos que parece que no han visto una polla en su vida. A mi me gustan las protagonistas femeninas seguras sin complejos a la hora de buscar su orgasmo.

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